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La finalidad de este noveno volumen de la colección Biblioteca Musical Mínima es mostrar cómo ocurre la adquisición del sonido melódico y rítmico, así como el papel del educador en el dominio de las habilidades musicales. Es realizar una aproximación a las formas en que el niño va adquiriendo las nociones musicales, el arduo trabajo que le permite un gradual dominio de los sonidos, del instrumento o de la creación musical. Aquí se analizan las actitudes, técnicas y modelos empleados por el educador para promover el aprendizaje de la música. Se hace un repaso a los educadores musicales que han creado los principios guías de la enseñanza de la música en la actualidad y una revisión de las propuestas pedagógicas de los educadores clásicos como Orff, Martenot, Dalcroze, Kadály, Suzuki. También se analizan los trabajos de educadores más recientes comi Willems, Schafer, Hemsy y Swanwick. Como complemento, el autor nos lleva a un paseo al ambiente y circunstanciasen las que ocurrió el proceso de formación musical del genio de todos los tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart.
Los lectores no deben tomar el título de este libro al pie de la letra. Su contenido está hecho de paseos por el negro y el blanco del piano y de la música, pero también por los campos íntimos de la confesión. Con una vida intensa enmarcada por el arte, por la familia, por los recorridos y estancias en el extranjero, García Renart vino adquiriendo desde niña una visión del mundo que le ha permitido, con similar maestría, mover las manos sobre su instrumento, las piernas en un escenario de ballet, los labios en una cátedra y los dedos sobre un teclado de computadora del que salen páginas tan bien logradas como las que aquí se reúnen. Pianista, compositora y maestra, aficionada a las artes ecuestres y plásticas, asistente a talleres de creación literaria, en los capítulos de este libro la autora vuelca su saber y su sentir no sólo con la sinceridad que ha sido una de sus cualidades, sino desde el centro de una voluntad creativa transformada en obra múltiple. Estas páginas valen no sólo por lo que su autora dice, sino por la forma en que lo dice.
Este décimo volumen de la colección Biblioteca Musical Mínima es una colección de pequeñas semblanzas relacionadas con la Música: compositores, intérpretes, directores. Algún lector pensará que faltan protagonistas, y tendrá razón. No tiene propósito exhaustivo y menos aún docente abarca más de 1,400 artistas que pertenecen a diversos tiempos y latitudes. El criterio ha sido amplio y participan músicos del área popular, entre los que se cuentan los que los que crearon o interpretaron obras de concierto. También pareció conveniente dar espacio a los empresarios y mecenas que brindaron su apoyo, sin los cuales el panorama sería distinto. Incluso los capaces de pronunciar con familiaridad nombres como Beethoven y Chopin, tienen problemas cuando se habla de Berlioz, y hay quienes no saben si Luigi Nono es un compositor o el nombre de un laboratorio químico. Para todos ellos está dirigido este libro, confiando en haber superado las preferencias del corazón y del oído.
Este sexto volumen de la colección Biblioteca Musical Mínima trata de algo que comenzó por ser prohibido, después se fue aceptando y hoy se defiende con denuedo: la actividad creativa de las mujeres en el campo musical. Los lectores podrán asomarse a un mundo desconocido y fascinante, donde encontrarán algo tan inesperado como una legión histórica que se cuenta por cientos. Cierto es que este libro constituye sólo un vistazo, pero es también una invitación a que los melómanos se interesen por las compositoras. En marzo de 2003, con motivo de un concierto de la Sala Netzahualcóyotl, Diez de Urdanivia dijo: "Las partituras de nuestras artistas que lo merecen, deben ser incluidas habitualmente en las temporadas de las orquestas; no como desplante gracioso y un tanto demagógico, semejante al de la Rotonda de las Personas Ilustres, donde ya estaba Rosario Castellanos muy contenta, entre todos los "hombres ilustres" de la rotonda que así se llamaba".
Artistas, escenarios y públicos son elementos, si no "condenados a la perfección" como hubiera dicho Juan José Arreola por lo menos obligados a no estorbar y no estorbarse en su misión delicada. Las bambalinas de un concierto no comienzan con él, ni se extinguen al aplauso final. Los anecdotarios han hecho de directores y solistas; de salas de concierto y aun de los más modestos aficionados, actores protagónicos a veces dignos de la inmortalidad. Toda una vida ha hecho de José Alfredo Páramo, maestro de Periodismo, un escritor musical autorizado por su cultura, con experiencia y humor que aquí demuestra contando sus propias anécdotas, donde comprobamos una vez más que la música también da risa.
Long-awaited second edition of classic textbook, brought completely up to date, for courses on tropical soils, and reference for scientists and professionals.
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Si usted odia los albures, adquiera este libro para ver si mejora. Si le gustan, cómprelo igualmente. Si supone que es un libro pelado, déjelo. En todo caso, forme usted parte de las mayorías que se divierten jugando con las palabras sin hacerse daño, y trate de sumarse a las legiones que luchan por borrarle seriedad a la vida. El buen juego alburero puede ser pícaro y altisonante, pero no lépero. Sergio Corona sostiene con razón que la vulgaridad estriba en explicarlo. Sin quebrantar el albedrío de cada lector, es recomendable no saltarse párrafos ni capítulos, porque se puede perder el objetivo de la obra, que es la vindicación del albur como muestra mexicana de ingenio y cultura. Para ello se le ubica en un contexto que incluye arte, historia y filosofía. Ingredientes que forman parte del ser humano y sus modos de expresión.